Mi gran fiesta de 15

Para Ti

Irrumpen en su fiesta bajando en una burbuja desde el techo del salón o saliendo desde adentro de una rosa emperifolladas con un vestido de una diseñadora top. Su rockero favorito, sí, puede ser Fito Paez, abre la velada tocando en traje y piano blanco. Pueden pasarse todo un fin de semana de festejo en un hotel con 200 invitados y son capaces de lograr que cierren el zoológico para que la “nena” haga una megaproducción de fotos en el acuario. Pantallas multiscreen toda la noche, shows a nivel internacional y mucho reggaeton. La “nena” pide y los padres le dan.
Las fiestas de 15 cambiaron un montón. Ahora tienen que ver con una producción televisiva o de cine más asociada al videoclip, con producciones de fotos que apuntan a simular ser famosas que sólo a festejar los 15 años. Ellas quieren ser el centro a full. En 2001 no se hacían megaeventos porque la gente no quería ostentar, pero ahora todos los fines de semana tenemos mínimo dos”, dice Natalia Peluso, fifteen y wedding planner de alta gama de Berna Eventos. La conocida wedding planner Bárbara Diez, esposa de Héctor Rodríguez Larreta (jefe de gabinete del gobierno porteño), da su visión sobre las idas y venidas del lujo rimbombante de las fiestas: “Nosotras empezamos a trabajar justo en 2001 y siempre hemos tenido trabajo dentro del ABC1. Desde octubre del año pasado hasta agosto de este año hubo una merma de este tipo de fiestas por la situación internacional y por pudor las fiestas fueron más tranquilas, no algo tan ostentoso, pero a partir de agosto volvieron con todo. De hecho, a nosotras nos conocen más por las bodas, pero este año hemos hecho más fiestas de 15 que bodas. Cada vez se parecen más a un casamiento en cuanto al dinero que se gasta, el glamour y la preproducción. El límite es el cielo”.

¡PUM PARA ARRIBA! El furor de las fiestas de 15 llegó a la tele con el programa Quinceañeras (lunes a viernes a las 16.30 por El Trece). Siguiendo la línea de Quiero mis quince (MTV) –una especie de reality que seguía a la cumpleañera en la preparación de su fiesta eligiendo sus bailarines y ropa para sus amigas, por ejemplo– en el programa de producción nacional, dos chicas compiten con su familia para ganarse la fiesta. Para participar se anotaron 20 mil adolescentes. El primer día promedió los 8,6 puntos de rating con un pico de 10,1. “El programa es un fenómeno. Están los que vienen porque se les da la posibilidad de armar gratis una fiesta que vale miles de pesos, pero también veo algo que quizá no sea tan positivo que es que todos los chicos sueñan con ser tapa de revista y creen que hacerse conocidos de la noche a la mañana les puede asegurar un montón de cosas”, dice Monchi Balestra, el conductor del ciclo. Para una fiesta de 15, sea sábado, domingo, una tarde o una noche, se gasta o se invierte un promedio de 100 mil pesos.

La lista de precios es la siguiente: el lugar cuesta entre10 mil y 25 mil, el show (los más pedidos son La Mosca y Marcelo Iripino, el coreógrafo de Susana Giménez, con su grupo Backstage) está de 2 mil a 40 mil, el catering cuesta entre 120 y 300 pesos el cubierto y se calculan mínimo 150 invitados, el vestido está entre 2.500 y 15 mil y la organización se lleva de 8 mil a 30 mil. Sushi, fajitas mexicanas, tacos y hamburguesas no pueden faltar. Los diseñadores de los vestidos favoritos son los de las top models: Jorge Ibáñez y Benito Fernández.
Todas las nenas de quince quieren que su fiesta sea única, inolvidable y que no se parezca a ninguna otra”, apunta Diez. Y Macarena, una reciente quinceañera, le da la razón contando su experiencia: “Una compañera del curso hizo la fiesta tres días antes de la mía en el mismo salón, entonces yo estaba re mal porque creía que todo iba a ser igual y que nadie iba a querer venir, pero en el salón cuidaron de que todo fuera diferente. Me moría si eran parecidas, quería que fuera mi fiesta, no la suya”. En las fiestas de 15 se pierde la noción del tiempo y se transcurre en una dimensión paralela en un salón rodeado de bolas disco que son espejo de la fantasía. Afuera, en la calle, puede haber un sol radiante y un calor insoportable o una lluvia torrencial, que adentro del salón la temperatura va a ser siempre la ideal y la luz violeta, fucsia y amarilla. Está todo cronometrado y programado para que no ocurra ningún imprevisto, que la familia no tenga que hacer nada y que “la nena” se sienta una reina toda la noche.

Los invitados saben qué tienen en cada momento, las emociones también están controladas: cuando se encienden las luces saben que entra “la agasajada” y que hay que llorar, que luego los varones deben sacar a bailar el vals, cuando empieza el reggaeton levantarse de la mesa e ir a bailar, comer la entrada, ver un show, luego el plato principal, un momento emotivo que puede ser cuando la “cumpleañera” les entrega las velas a sus seres más queridos y todos lloran y la torta son cientos de muffins y la mesa dulce la abre Axel cantando temas de amor y así por más de cinco horas. “Todos me decían que disfrutara porque se pasa rápido. Cuando terminó no me di cuenta de que ya había pasado mi fiesta. Mis abuelas y yo siempre soñamos con que tuviera la fiesta, fue el sueño de mi vida y es al día de hoy que no caigo que ya pasó”, dice Macarena. Según María Olgado de Firenze Viajes, empresa que se dedica a organizar viajes a quinceañeras de quince días que incluyen Orlando, Miami y un crucero por el Caribe, “en esta escalada violenta de fiestas todo es poco. Las chicas van a muchos quince y compiten. Además creo que la fiesta es más de los padres que de las chicas porque se aseguran el último control sobre su hija ya que pueden opinar y armar todo”. Romina cumplió quince este año y quiso entrar cantando As long as you love me de los Backstreet Boys con su padre: “Quería hacer una fiesta espectacular, que se recordara y de la que todos hablaran, y cuando se acercaba la fecha me di cuenta de que no se trataba de que fuera lo más fashion, sino de que todos la pasen bien y estar con la gente que amo y por suerte todos hablaron muy bien”. También están las que hacen fiesta y de regalo piden el viaje o la de las amigas que celebran juntas.
PERDIDA DE LA INOCENCIA. Según la tradición, los 15 (o los 16 para la cultura anglosajona) es el punto de transición entre dejar de ser niñas y pasar a ser mujer, el momento de reventar la última piñata. Para el especialista en pediatría y jefe de servicio de adolescencia del Hospital Cosme Argerich, Enrique Berner, el rebrote del festejo de 15 a gran escala, sea con viaje o fiesta, tiene que ver con una moda: “No es lo mismo para los chicos que se crían en la ciudad en determinadas condiciones sociales que los de los sectores rurales o los más desprotegidos que transitan por el mismo tiempo de la vida y no pueden pagar. Podríamos pensar que estas fiestas tienen que ver con un posicionamiento de los padres para jerarquizar un momento de crecimiento, como que accedieron a un lugar diferente”.

Según Liliana Mayer, especialista en temas de juventud y educación, autora del libro Hijos de la Democracia: ¿Cómo viven y qué piensan los jóvenes? “Más allá de los significados externos a un hecho o acontecimiento, están los significados que internamente una adolescente le puede dar a sus 15 años. Si se relaciona con la pérdida progresiva de la inocencia, se relaciona también con empezar a ser de alguna manera, más adulto. Entonces puede ser una suerte de ritual de iniciación al mundo adulto y público, aun cuando se esté bajo el resguardo de la familia. En términos simbólicos, significa mayor lejanía a la infancia que mayor cercanía a la adultez”.
Una mirada interesante para analizar este fenómeno la da Brener que se pregunta: “Las fiestas de 15, ¿no serán una vuelta a la familia frente al descontrol? ¿No será un llamado a los padres a que tomen el comando de la situación familiar y no dejen a sus hijos librados a azar. Sería como un ‘quiero volver atrás porque quiero que mi familia me esté cuidando’”. Siguiendo esta línea, la psicóloga María Fhur dice: “Es un momento para que los mayores tomen conciencia de la responsabilidad que nos compete como adultos cuidando a los hijos”. La médica y psicoanalista María Cristina Rother Hornstein, coautora de Adolescencias: trayectorias turbulentas aporta: “Los adolescentes sufren también la confusión generacional que viven sus padres y olvidan que sus hijos los requieren como adultos, como interlocutores y referentes de confianza y no como pares, amigos o compinches. Aceptar la diferencia generacional ayuda al diálogo y a la confrontación productiva, contribuyendo a que los procesos de aprendizaje introduzcan solidez en el desarrollo de la cultura”. Crecer duele. Así que qué mejor que darle la bienvenida a esta nueva etapa festejando, ¿no?

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